
Como diría Darwin, las personas, al igual que los animales, nacemos, crecemos, nos desarrollamos y morimos… En este largo bagaje que es la vida-sin pretensiones de dármela de filósofa- vamos a encontrarnos gente en nuestro camino con las que tendremos afinidades y empatías o todo lo contrario.
De pronto alguien sabe mirarte como tú necesitas que te miren, o te ofrece las palabras adecuadas en el momento justo. Digamos que, sin que tú tengas que decir nada, “huele” tu alegría o tu tristeza, le caes bien, se ríe contigo…
También puede ocurrir que por simples motivos como tu físico o tu forma de expresarte encuentres personas que te prejuzguen y tachen de su lista, sin darte la oportunidad de mostrarle lo que otros han sabido ver en ti en tan poco tiempo… Todo esto es parte de la vida y de nuestro paso por ella.
Lo que sí es cierto es que la citada vida, aunque suene a tópico, estará llena de sorpresas y necesitamos vivirlas para que, algunos, sigamos siendo como somos.
Tu vitalidad, tu energía, tu simpatía y tu nervio, tu constancia, tu manera de expresarte, tu falta de control y tus forzados frenos, tu forma de hablar de tu familia, de mi, de la vida… todo ese conjunto-y millones de cosas más que te componen, pequeña abujita- te convirtieron en un espécimen interesante y, te recuerdo que, la gente así, están destinadas a grandes cosas en la vida…

